martes, 12 de abril de 2011

El cuento de las vacas voladoras

Habia una vez un grupo de vacas que vivian en una isla tropical. Un buen dia, misteriosamente, las vacas desaparecieron. Dicen los guajiros que muchas de ellas se fueron volando tras una gran sequia, que las dejó sin comida, en busca de una vida mejor.
A veces me pregunto si ésta es la historia de las vacas cubanas. ¿Habrán seguido el mismo destino de sus dueños humanos? El caso es que nunca he entendido muy bien que pasó con estos animales.
Mi historia con la leche empezó como cualquier niño del mundo. Desde siempre me gustó y hoy en día a veces cuando tengo sed en vez de tomar agua me doy un buche de leche. Recuerdo que cuando era chiquita y llegaba de la escuela mi abuela o mi mamá siempre me preparaban un vaso de leche con chocolate (ruso y muy bueno, por cierto) y hasta mi noviecito de la época y fiel compañero por mucho tiempo, Maykel, me dijo una vez, después de grande, que todavía tiene recuerdos de aquellas ricas leches con chocolates. Fue así hasta mis 9 años más o menos cuando se cayó el campo socialista y llegó el Periodo Especial. No me acuerdo en qué momento mi mamá me dijo que no había más leche. Supongo que lo debe haber hecho. La razón argumentada hasta hoy era que yo ya era una niña grande y que por eso "ya no me tocaba", que la leche era solo para los niños con menos de 7 años. No volví a ver éste líquido blanco por un buen tiempo (años) y lo único que se encontraba en las calles era la leche en polvo. Pero yo cuando aquello no pensaba en las razones por la cual "no me tocaba más leche"; tenía otras preocupaciones típicas de la niñez y pré adolescencia. De lo que sí me acuerdo muy bien es que una vez sentada en la parte de atrás en mi aula de quinto grado, la maestra nos explicaba sobre la nueva situación en Cuba y yo pensé esperanzada: bah, el periodo especial seguro que se acaba en 5 años. Pobre de mí y de mi inociencia de infancia. Mal sabia yo que iba a demorar mucho para ver un verdadero vaso de leche comun.

Cuando era más grandecita mi papá tenía un amigo guajiro que vivia en Jatibonico, Sancti Spiritus, provincia más central de la isla. No me acuerdo del nombre de este señor joven de piel muy morena, fuerte, no muy alto, pelos y ojos muy negros. Él tenia algunas vacas en su finca ¿y adivinen por qué a mí me gustaba tanto ir a su casa en las vacaciones? La respuesta creo que no necesito decirlo. Es cierto que era divertidisimo correr entre los matorrales, montar a caballo y bañarme en el rio, pero uno de los motivos era la añorada leche de las vacas. En su finca me hice amiguita de una vaca color miel que me dejó triste un dia cuando le di hierbas para comer con mis propias manos y le vi lágrimas en los ojos. En Cuba la sequía puede ser muy cruel para los animales - pensé. Le cogí cariño y le pedí al guajiro que por favor no la matara que yo la iba a visitar siempre en mis vacaciones. La vaca se murió de vieja.

Muchos años después, acostumbrada ya con la leche en polvo que mi mamá conseguía con mucho sacrificio y que no teníamos todos los meses, me mudé para Brasil a los 19 años. Nunca me volvieron loca ni los chocolates, la coca-cola o las hamburguesas del macdonald, y todas esas cosas que se ve en las películas. Una de las primeras cosas que hice fue tomarme un vaso de leche normal. Tambien tomé yogourt desenfrenadamente por algunos años. Creo que era la realización de un deseo que se me había negado por años.

Seis años después, en el 2006 - porqué estuve todo ese tiempo sin regresar a Cuba sin ver a mi mamá, mi abuela y mi hermana es otra historia para otro post en este blog - regreso a La Habana por primera vez. Estábamos todos en la cocina cuando llega mi prima Lia, que en aquella época tenía 9 años (la misma edad que tenía yo cuando la desaparición de la leche en Cuba). Yo había comprado en las tiendas en divisas una caja de leche. El problema es que es carísimo, a veces se pierde y los padres prefieren comprar la leche en polvo porque rinde más. Saludo a mi primirta y le pregunto si quiere leche. Me dice que sí y cuando le doy el vaso noto que lo mira de forma extraña. Le vuelvo a preguntar que pasa y me dice: silvita, pero ésto no es leche. Le digo: pero como que no mi amor, sí, sí es leche. Pruébalo para que veas. La niña se la toma y me dice luego enseguida que la leche de verdad es en polvo. Fue entonces que entendí que mi prima de 9 años no sabía o se le había olvidado como era la verdadera leche. A esa hora tuve que explicarle de donde salía la leche - lo cual ella ya sabía - y decirle que esa era la forma natural, que la que vendían en polvo tambien era leche pero mucho más procesada y diferente. Artificial

Esta es la historia de la leche en Cuba que le dedico éste espacio porque como dice mi papá yo soy una ternera devoradora de leches. Pero como eso podría contar historias del yogourt, la mantequilla, el queso y productos lácteos en general.

Y entonces vuelvo a preguntarme la pregunta inicial. ¿A dónde fueron parar las vacas cubanas? ¿Se murieron? ¿No tuvieron más hijos? Creo que éste es uno de esos ejemplos de los que podemos decir que no todo es culpa del embargo. Por suerte mi vaca color de miel se murió hace muchos años y no llegó a ver la casi extinción de sus hermanas.

2 comentarios:

  1. Essa história do leite é sensacional. Você me contou na nossa segunda casinha, o rosas. Aliás, acho que tudo foi contado no rosas,né?
    Amei!!!!!!!!!

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  2. é renata, acho que vc conhece boa parte das historias graças ao Rosas haha

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